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¿Cómo funciona una clase con 18 nacionalidades?

Hace tiempo que quería escribir una entrada sobre este tema, sobre la hetereogeneidad de mis clases y los problemas con los que me suelo encontrar, ahora que he sacado un poco de tiempo quiero aprovechar para hablar sobre esto.

Primero  os voy a presentar a mi clase. Quizás a algunos os parezca un número exagerado, pero no. He cogido mi lista de clase y he apuntado los países de origen de mis alumnos: Alemania, Australia, Burkina Faso, Chequia, China, Corea, Egipto, Holanda, Inglaterra, Irak, Irán, Lituania, Malasia, Marruecos, Nigeria, Rusia, Taiwán y Ucrania.

Tengo que decir que tengo unos 25 alumnos más o menos que asisten regularmente, es decir, a veces no están todas las nacionalidades en clase, pero más de 10 seguro.

Entonces, volviendo al título de esta entrada, ¿cómo funciona una clase con 18 nacionalidades? pues muy bien, se necesitan varias semanas para que la clase coja su propia dinámica, hay que hacer un esfuerzo extra para que los alumnos se conozcan entre ellos, pero al final todo suele marchar sobre ruedas.

Antes de trabajar en la enseñanza pública, mis clases eran más homogéneas. Primero con alumnos de Suecia y Estados Unidos principalmente, luego también con estudiantes de una única nacionalidad (en mi experiencia laboral en Francia y en Polonia), no sólo eran clases más uniformes en cuanto a nacionalidades se refiere, también el nivel socioeconómico de los estudiantes era parejo, otro tema a tener en cuenta.

En las clases que doy en la actualidad la variedad se encuentra en todos los sentidos, además de los países antes mencionados, las diferencias económicas, de educación, de recursos y de edades son algo cotidiano. El hecho de tener estos últimos años clases de este tipo me ha hecho replantearme muchas actividades, así como actitudes dentro de la clase.

Lo primero que salta a la vista es el choque cultural, el choque existe, pero en líneas generales no suele causar conflictos graves entre los estudiantes, ni tampoco conmigo. Eso sí, todavía hay días que me sorprenden algunas de las cosas que me cuentan mis alumnos, pero eso forma parte del encanto de este trabajo. En relación a esto, el trabajo integrador o de mediador que realiza el profesor es fundamental. Por una parte, realizando actividades donde los estudiantes se mezclen lo más posible, mientras antes se conozcan mejor; y por otra, a la hora de afrontar el conflicto, hay que saber mediar entre las partes, apelar al sentido común y a la comprensión entre culturas. Hay que respetar al máximo las diferencias de la clase y hacerlas formar parte del aula. Preguntar a los alumnos sobre qué les llama la atención de la cultura en España, cómo es en su país, o en otros países que hayan visitado les ayuda a ponerlo todo en perspectiva.

Un punto  muy importante aquí es cómo presenta el profesor la cultura española. Debemos mostrarla como algo que forma parte de nuestra realidad pero nunca como algo mejor, por mucho que nos guste nuestro país, no es buena idea menospreciar ningún otro; y, aunque esta palabra pueda sonar un poco fuerte, es lo que puede interpretar alguno de nuestros estudiantes más sensibles. Como siempre, sale aquí mi objetivo primordial en el aula: que todo el mundo se sienta a gusto.

No quiero que se me olvide hablar sobre el aspecto didáctico o pedagógico de esta mezcla de culturas, que influye directamente a la hora de seleccionar el material que vamos a usar en clase. Una actividad tan simple como adivinar personajes se puede convertir en una tortura y en un ejercicio infructuoso y frustrante si no nos olvidamos un poco de nuestro etnocentrismo occidental. Además, ¿cómo vamos a comprobar que los estudiantes comprenden a su compañero si está describiendo a una persona que ellos no conocen?
Esta actividad que es tan divertida hay que modificarla para clases de esta tipología. Yo sé quién es Chow Yun-Fat, y a lo mejor mis estudiantes chinos se ponen muy contentos por eso, o podré hablar de películas coreanas como My Sassy Girl y a mi estudiante coreano se le pondrán los ojos como platos, pero ¿Cómo se quedan ellos si algún europeo de la clase describe, por ejemplo, a Audry Tautou?

¿Cómo solucionamos esto? Esta claro que no podemos jugar a adivinar personajes famosos. Como alternativa a esta actividad tengo hechas unas fichas con 24 rostros y ellos juegan por parejas a adivinar a qué persona está describiendo el compañero. Más adelante, cuando ya estemos un poco más inmersos en la cultura hispana, intentaremos jugar de nuevo. Esta vez con personajes del mundo hispano, que previamente habrán salido como referencia en la clase y así nuestros estudiantes mejorarán su conocimiento de nuestra cultura.

Todavía hay mucho que hablar sobre este tema, todos tenemos muchísimas anécdotas relacionadas con las diferencias culturales pero al final lo que importa es que la clase funcione y que los alumnos se sientan bien, por eso, tenemos que recordar siempre que el bagaje de nuestros alumnos es muy variado y diferente y no olvidar que ellos pueden tener un punto de vista a veces hasta opuesto sobre muchas cosas. Para otro día dejaremos pendiente una entrada que hable del otro tipo de hetereogeneidad: la socioeconómica.

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